Conocí a Carmen hará unos seis o siete años. Yo estaba en uno de los grandes templos de la venta de vino embotellado, y Carmen, al acercarse me preguntó: ‘¿Eres francés?’. Yo le respondí, mientras barruntaba la respuesta a bote pronto y la que vendría después, que no, que yo era de allí, de cerquita de Barcelona. Eso fue a bote pronto. Pensándolo bien, que tardé como quince segundos, me di cuenta de que no me preguntaba por mi país de origen, sino que me preguntaba si yo era Francesc. Y nos reímos. Porque hay que reírse de los malentendidos.

Justo después, estuvimos como una hora hablando de vinos.

Así conocí yo a Carmen Martínez de Artola, una tipa con el pelo pintado de colores, que vive en Villa Conseja, que pasea en bicicleta (Furia, creo recordar) y que tiene una gata. Pardilla.

Carmen escribe sobre cosas, os lo explicará ella misma dentro de pocas líneas. Carmen escribe bonito. Para mi gusto más bonito cada vez. Que no es que antes no, ya me entendéis. Es lo que tiene hacerse viejo. Perdón, Carmen. Carmen escribe bonito, directo y útil, pues entre toda la purria que se publica por ahí alrededor de las experiencias vínicas, Carmen siempre se saca un conejo de la chistera.

Y no sólo cuando escribe de vinos. También por ‘la tuiter’.

En esa la tuiter, Carmen se descuelga de vez en cuando con algunos vinos bien molones, y también de vez en cuando con vinos que no hay manera de encontrar. Y también de vez en cuando, como una vez por semana, nos regala una vuelta por la plaza de Valencia.

Así que pensamos que sería bien vacilón pedirle a Carmen que, con 10 respuestas, nos hable de sitios vacilones para comer en nuestra GUÍA MOLONA… Sitios vacilones para comer, para beber y para pasarlo bien. Y de platos. Y de vinos. Y de gente. Y recetas. Y de chinorrismos.

Así que, sin más dilación, aquí tenéis a la gran CARMEN MARTÍNEZ DE ARTOLA.

 

10 preguntas para CARMEN.

Además de ciclista de fondo… Carmen, explícanos a qué te dedicas.

Ciclista desde hace sólo tres años y a paso lento, que soy tirando a torpe. Periodista desde hace un montón más y haciendo un poco de todo. Prensa, radio, televisión y, desde hace ya mucho, trabajando en un gabinete de comunicación institucional. Además de escribir un poquito sobre lo de comer y beber, que hay que alimentar el espíritu.

Dime 10 restaurantes que te flipen en cualquier rincón de España y por qué es obligatorio peregrinar allí.

Creo que no voy a descubrir nada nuevo y me faltan millones por conocer, pero vamos a intentarlo.

Empezando por mi pueblo, Madrid, con la primera obviedad: Diverxo, porque es mágico, una locura que encima está en su mejor momento; y Taberna Verdejo, porque además de dar de comer y beber bien rico, regalan felicidad.

Sin alejarnos mucho, en Toledo, es obligatorio visitar a Iván Cerdeño, una de las cocinas más interesantes y con más futuro de nuestro país.

En nuestra segunda casa, El Puerto de Santa María, hay que ir a Aponiente, claro, por la preciosa cocina marina de Ángel León y los maravillosos vinos de Juan Ruiz; y una parada en Los Pescaítos, para dejar que te saquen lo más fresco de la lonja mientras te hacen sentir tan a gusto.

En Barcelona me voy a quedar con Dos Palillos, porque es diversión en todos los sentidos.

En San Sebastián hay que visitar a Martín Berasategui, porque es la perfección.

En Valencia otro bien sabido, Ricard Camarena, porque es buen gusto, elegancia, finura… y porque su sumiller, David Rabasa, completa la experiencia para hacerla única.

No puede faltar Bagá, en Jaén, un pequeño gran restaurante con una propuesta única y emocionante, detrás de la que hay un equipo enorme.

Y rematamos la jugada en Córdoba, en Noor, donde Paco Morales ha conseguido crear una propuesta única, excepcional y en la que absolutamente todo cuadra.

Los platos que más te han flipado (ever)

La ostra con perdiz en escabeche de Lera, la gamba de Denia de Quique Dacosta, el bacalao al pil pil de El Brillante, la royal de erizos de Aponiente, los garbanzos con butifarra del bar Pinotxo, la cabeza de merluza de Lao Tou, el rodaballo de Elkano, la carbonara de Disfrutar, el nigiri de socarrat de Umiko, el all i pebre de Rausell, el arroz con leche de Casa Marcial, el lenguado con sabores del Mediterráneo del Celler de Can Roca, los zorzales fritos de Desancaja, aquel primer mollete de trompetas de los muertos de Diverxo… Son muchísimos. Tengo la suerte de disfrutar millones con cualquier plato que esté bueno.

Qué personajes con los que te has cruzado en tu trayectoria profesional guardas en la retina, y cuál es la razón (o razones).

Fuera del mundo gastronómico, a Antonio Gala, porque me brindó la entrevista más bonita que le he hecho nunca a nadie y, en consecuencia, mi más mejor reportaje de los años televisivos. En el sector del vino a Eduardo Ojeda, porque me introdujo en el mundo del jerez con tanta sencillez y cariño, que no le puedo estar más agradecida. Y a Pitu Roca porque me fascina la paz y el saber que transmite sin darse importancia ninguna. Y metidos en cocina no puedo dejar de pensar en Gloria, de El Empalme, por esa fuerza impetuosa y descarada que me fascina en cualquier profesional, tal vez porque a mí me falta.

Cómo ves el panorama actual del periodismo gastro. Sinceramente.

Siempre sincera, claro que sí. El panorama del periodismo, en general, lo veo bastante regulero, con demasiada gente con pocas ganas de trabajar que se limita a fusilar notas de prensa o a pedir a los gabinetes de comunicación que les den todo hecho. Falta cultura del esfuerzo y del pensamiento crítico. Con muy honrosas excepciones, por supuesto. Y en el apartado gastro observo más de lo mismo, sumado a los muchos que se apuntan al carro pensando que será una vía para ir a comer gratis a sitios molones. Aun así sigue habiendo muy buenos periodistas en el sector que hacen estupendas crónicas, artículos, entrevistas o críticas. Son los que nos gustan y de los que nos fiamos.

Tengo en casa unas revistas que recomiendan dónde comer en y qué beber.

¿Qué hago con las páginas? ¿Las leo? ¿Hago caso? ¿Las quemo? ¿Alguna sugerencia?

Hay que leerlas, claro que sí. Ese espíritu crítico del que hablaba se forma en gran parte de esa manera. Leyendo, analizando, estudiando lo que dicen unos y otros, especialmente con los que más discrepamos o están en las antípodas de nuestra forma de ser o pensar. De todo se aprende, de todo y de todos.

¿Qué narices es un huevo milenario?

Jajaja. Los huevos milenarios, preserved eggs o pinyin, son huevos, generalmente de pato, que se conservan durante semanas o meses en una solución de cal, arcilla y cenizas, aunque creo que ahora deben hacerlos de forma industrial, bastante más rápida y sencilla, y se encuentran fácilmente en cualquier supermercado chino. El resultado, que es lo que importa, es un huevo de cáscara grisácea, clara marrón transparente y yema verdosa, con unos aromas a amoniaco y azufre bastante intensos. Una guarrería que me vuelve loca, especialmente cuando la yema está poco cuajada. Me los comería a todas horas y desde luego en casa siempre tenemos una cajita en el frigo.

Una receta que los lectores torpes puedan preparar sin problemas y quedar bien.

Pues ya que estamos en esta temporada tan bonita me iría al mercado a comprar unos espárragos blancos, guisantes frescos no muy gordos y alguna seta de primavera. Cocería los espárragos al dente y los saltearía con los guisantes, las setas y unos taquitos de jamón unos minutos. Sin más y con un huevo frito encima, que con un huevo (milenario o no), la vida siempre es mejor.

¿Cómo es el proceso de creativo para algo que se escribe? Tuyo, digo.

Proceso lo que se dice proceso, no es. Se trata más bien de dejarme llevar. Lo primero es saber de qué quiero escribir. Si no controlo el tema mucho me documento leyendo y preguntando a los que saben más que yo (casi todos). Una vez que tengo la información necesaria me pongo delante del ordenador o me planto con mi cuadernito en la barra de algún bar que me guste, y a escribir sin pensar demasiado en lo que estoy poniendo. Así, sin parar hasta que termino y decido el titular, que siempre es lo último. Una vez hecho me cuesta mucho cambiar nada, repaso erratas o posibles repeticiones y a otra cosa.

Con qué tipo de vino eres más feliz.

Con todos los que están buenos puedo ser completamente feliz. Blancos, tintos, espumosos, generosos… jóvenes y viejos, serios y divertidos, fáciles o complejos, ligeritos o con cuerpo… cada uno tiene su momento, su sitio o su compañía, si se toman en compañía. Ahora, ¿que quieres que te diga uno? Pues entonces pido una copa de un amontillado viejísimo, de esos con una concentración salvaje, de los que de tan afilados duelen. Soy así de rarita.

Bonus Track: Una receta de tus chinorrismos que sea asequible de preparar.

Hay muchas recetas japonesas facilísimas y que se hacen en un plis. Normalmente lo más laborioso puede ser recopilar los ingredientes menos habituales en nuestra cocina. Ahí va una de Harumi Kurihara, autora del muy recomendable libro ‘Harumi cada día’. Son unas albóndigas de salmón y gambas con salsa ponzu. Picamos 300 gramos de salmón, 100 de gambas y 100 de cebolla. Lo mezclamos todo con una cucharada de sake, salpimentamos, hacemos bolitas y las freímos. Se sirven con un poco de jengibre fresco rallado y salsa ponzu por encima. La salsa es sencillita también, pero podemos comprarla hecha y así no nos complicamos.

Y nada, Carmen, que gracias por la amabilidad y por el tiempo. Y gracias por las recetas. Y por chivarnos vinos guays. Y por escribir bonito.

Merci!