Diarios de Motocicleta – Capítulo segundo

Como si de un guiño del destino se tratase, este viaje tampoco fue puntual en su salida. Esta vez Marla no tuvo nada que ver. Fue la más puntual. A Pol no le arrancaba la moto y llegaba tarde al punto de encuentro. Marc, diligente, le envió un mensaje conforme le íbamos a buscar en lugar de esperarle. Sólo habría que conducir 20 kms, lo cual no supondría un retraso demasiado importante. Pero Pol decidió que no, que aunque le fuésemos a buscar, él tiraría hacia el punto de encuentro. Así que al llegar al lugar donde se supone que estaba Pol, Pol no estaba. Había conseguido arrancar la moto y tiró hacia el punto de encuentro. Así que nada, vamos hacia el punto de encuentro. Pero no, no bastaba con complicar las cosas un poco, había que hacer un doble mortal con tirabuzón invertido. A Pol se le para la moto en medio de la autopista a las seis de la mañana a mitad de camino de donde creía que estaríamos pero no estábamos porque habíamos salido a buscarle a un lugar donde él ya tampoco estaba porque había salido a por nosotros. Llamada de teléfono mediante, sabemos su ubicación y vamos a por él. La moto está KO. Hay que llamar a la grúa. Y el retraso va a ser de los guapos.

Salimos. Con dos horas de retraso, salimos. Y esas dos horas de retraso son las que suponen salir de Barcelona sin tráfico o en plena hora punta. Todo bien. No hubo agresiones.

Destino: Villanueva de La Jara. Bodegas y Viñedos Ponce.

El camino es largo, hay unas cuatro horas y media-casi-cinco en coche, con lo que vuelve a haber tiempo para todo. Dormir, café, bromas, cabreos, pedidos de clientes, y estaciones de servicio a 20€ el desayuno por persona. Jamón ibérico porque está en la península y naranjas valencianas por la gracia de Dios. Café requemado y muffins inductores de coma diabético. Debe haber una cantidad ingente de congeladores en el backstage de las cafeterías de las áreas de servicio autopistiles. Agua con gas San Pellegrino, eso sí.

Conozco los vinos de Ponce desde hace varios años. En casa han caído muchas cajas de su Clos Lojen, de su Buena Pinta y de su Reto. Son los vinos Ponce que he visitado más a menudo. Y desde hace años tengo una opinión sobre la bodega que no se ha alterado desde el principio: es un ejemplo.

Basta decir que es un ejemplo. Innecesario decir para quién, para quienes o qué. O si hay más bodegas que también son un ejemplo o no. Innecesario. Bodegas y Viñedos Ponce es un ejemplo.

Viñedo viejo, vides en vaso, viticultura super respetuosa y sin mierdas industriales como falso alimento para las plantas y sus raíces. Poca intervención en bodega. Variedades locales. Madera cuando madera pero sin tablonazos. Vinos ricos, con mucha fruta, profundos, a veces inmediatos y con capacidad de envejecimiento. Precios muy ajustados. Cualquiera con un poco de interés en abrir una botella de vino puede pagar un vino de Ponce. Cualquiera.


Equipazo en Ponce

Y creo, más allá de zonas, costes y demás variables, que esa es una fórmula ganadora.

¿Quieres dedicarte a hacer vino? Elige una inspiración. Pero Ponce debería estar en la terna.

Al llegar a la bodega, nos encontramos con Javier, hermano de Juan Antonio, haciendo lo que creo que era regar unas flores pero que no estoy seguro y me dio corte preguntar. Es que aún no le conocía, y acababa de entrar en escena un pedazo de dogo negro de un metro de alto y (calculo) unos 60 kgs que vino a darnos la bienvenida. No quería molestar con preguntas sobre margaritas o amapolas. El perro se llama Thor y es un cachorrito de un año que debe comer montañas de carne y que si le sacas a pasear por Barcelona, no valen las bolsas que pone el ayuntamiento adosadas a las papeleras. Para recoger sus cositas se necesita un saco de esos de obra menor en reformas de cocinas y baños, la criaturita.


Javier y Thor

Javier nos acompañó y empezó a enseñarnos una bodega recién estrenada y a la que ya le queda poco para estar acabada. Las obras son engañosas, las cabronas. Cuando estás al 80% vas y te relajas y a veces la gente muere de vieja sin acabar el 20% restante, subiendo peldaños de cemento sin embaldosar y con tablas de madera de muestra para elegir el acabado de algún rincón tiradas por cualquier sitio. Por todos los sitios.

La bodega es bien molona. Es casi una casa ibicenca pero con barricas de roble y alguna madera más. Ni muy grande ni muy pequeña. Funcional a tope. La diseñó Juan Antonio y una maqueta que andaba por allí como las tablas de madera de muestra para elegir el acabado de algún rincón, lo atestigua.

Llega Juan Antonio. Y pienso en Space Cowboys.

La de Clint Eastwood y los demás vejetes junto a la maravillosa Marcia Gay Harden.

Y es que (aviso, spoiler) hay una escena en la que tienen que hacer un aterrizaje de emergencia con más probabilidades de darse un hostión que de sobrevivir, en la que el piloto explica que lo que va a hacer es clavar el talón del avión primero, y luego ir bajando el morro poco a poco. Porque las cosas hay que hacerlas así. Suave. Muy suave.

Juan Antonio anda igual. Anda rápido y decidido, como habla y como hace. Y anda clavando primero el talón en el suelo para luego aterrizar el resto del pie. Como la lanzadera de Space Cowboys.

Anda feliz al 100%. Nos explica lo bien que se trabaja en las instalaciones nuevas comparado con 12 años de apreturas, falta de espacio y de algún que otro cacharro para hacer vino. Feliz al 100%. Porque ya no tiene que hacer malabarismos. Ha comprado una prensa que mis conocimientos, por no tener, no me permiten saber lo cojonuda que es. Pero se ve que es cojonuda. Y que lo vamos a notar en los vinos, dice.

 

La prensa de Ponce

Paseamos por toda la bodega nueva y catamos de todos los depósitos, barricas, fudres y demás elementos geométricos. Catamos la añada nueva a medio fermentar unos, a casi fermentados otros y fermentados fermentados también algunos. Con la maloláctica hecha, a medias o sin hacer, que cada uno es de su padre y de su madre y arranca (por dios) cuando quiere.

Hay un denominador común. Finura. Hay vinos donde la variedad es más delicada; otros donde es algo más rústica. Algunos vinos están para beberte una cantimplora y algunos son aún una promesa universitaria. Pero todos son muy finos. Juan Antonio lo achaca todo a dos factores. La prensa nueva, y que ahora, con los recursos y espacio de la bodega nueva, tiene tiempo para pensar. Que no es que antes no pensara. Hablamos del tiempo disponible para pensar, que es diferente tenerlo a tener que pensar siempre a la carrera.

Después catamos ya todas las añadas disponibles y a punto de disponer de todos sus vinos. Y tan ricamente. Tan, tan ricamente. Volvemos a notar esa finura y ese potencial. Al acabar la cata, justo antes de ir a comer al centro del pueblo, Javier y Juan Antonio nos enseñan un par de paredes pintadas con pizarra para poder escribir a modo de libro de visitas. Y vuelvo a pensar en una película. Esta vez en ‘Cadena Perpetua’, una película bien bonita a quien algún mendrugo oficial le puso ese nombre en lugar de traducir el original y llamarla ‘La redención de Shawshank’.


La pizarra de Ponce

El caso es que en esa película hay un momento (aviso, spoiler) en el que un señor se va a suicidar colgándose de una viga de madera en la que ponía, escrito a navaja ‘Red estuvo aquí’. Nosotros, todos, pusimos nuestro ‘Red estuvo aquí’ y nos fuimos a comer sin suicidarnos.

Y comimos. Y bebimos. Y nos fuimos a visitar viña. Visitamos la viña de donde sale Clos Lojen. Y la de La Casilla. Y se nos hizo de noche en el viñedo. Y tan ricamente.


Clos Lojen


Clos Lojen


En el viñedo de La Casilla


Pol en La Casilla

Se me olvidaba. Hay que confesar los pecados. Ignacio se cargó dos pluviómetros al salir de la bodega de Ponce marcha atrás. Creo que si hubiera habido algún enano de esos de cerámica que habitan algunos jardines y porches, se lo carga también. Había dos pluviómetros y se cargó los dos. En Barcelonavinos somos efectivos a tope.

Nos marchamos de Villanueva de La Jara de noche, contentos y agradecidos.

A pie del viñedo de Clos Lojen

Rumbo a Llíber.

Siguiente estación: Casa Agrícola de Pepe Mendoza.


Pepe ya encontró su sitio

No es fácil ser objetivo ni mesurado con los amigos, así que a ver si no suelto demasiadas grandilocuencias con Pepe. Aunque se las merecería todas.

Estaba tan emocionado de visitar a Pepe en su nuevo refugio que mientras conducíamos por la autopista, las vistas al mar me inspiraron a escribir un poema. Al ver que mi inspiración empezaba recitando ‘el mar es tope de grande’ pensé que ya si eso, mejor que no, que la poesía no iba a ser lo mío. Pero estaba muy emocionado.

Por si alguno no conocéis a Pepe Mendoza, os diré que Pepe es el responsable de los vinos de la bodega de su familia en Alicante, Enrique Mendoza. Y que su inquietud le ha llevado a arrancar junto a su mujer, Pepa, este pequeño proyecto que es Casa Agrícola en el que quieren ofrecer vinos, por supuesto mediterráneos, pero con la sutilidad ya presente en las últimas creaciones Pepe en el proyecto familiar. Mucha sutilidad y elegancia. Ese es el trazo diferencial.

Llegando a Llíber tuve la sensación de paginarme en ‘El Mundo Perdido’ de Sir Arthur Conan Doyle antes del encuentro con los dinosaurios. Y es que después de conducir desde Albacete hasta allí, pasando por las masacres perpetradas en la costa Alicantina, como por ejemplo Benidorm, llegar a la Vall de Pop, entre montañas, niebla, sol, nubes y un viñedo exhuberante, uno cree que en cualquier momento va a asomar un T-Rex encabronado. Es como si el tiempo apenas hubiese tocado ese lugar, a centímetro y medio en el mapa de la vorágine turista. Ver para creer.


Vall de Llop – Viña Abargues

Pepe me había comentado al hacerse con Viña de Abargues (que así se llama el refugio) que era una cosa pequeñita y humilde y tal. Y bueno…Viña de Abargues es una preciosidad. Es una propiedad de unas 9 hectáreas de viñedo viejo plantado en vaso donde predomina la Giró (Garnacha). Hay tres construcciones. La principal, una vivienda pequeñita con un porche encantador donde nos pusimos tibios a vinos y masticables; al otro lado de la era, una construcción también con los arcos típicos de la zona en la época donde los árabes exhibieron conocimiento técnico y gusto por la estética. Ese edificio es la bodega y se lleva elaborando vino allí más de 100 años. Y por último, en la misma era, lo que parece un lugar para almacenaje de utensilios también con su riurau (los arcos).

Cuando llevas años visitando bodegas de todas partes, ves que cada bodega que visitas tiene su dinámica de apareamiento con los clientes y/o distribuidores que les visitan. Unos te enseñan su viñedo. Otros, su viñedo y la parte de la bodega donde elaboran. Otros, viñedo, bodega y parque de barricas. Hace unos años, estaba bastante de moda sudar de todo y tirar camino directo al parque de barricas, muy a tope. Cada quien es cada cual y todo es respetable. Pepe se lo monta de otra manera.


El suelo de viña Abargues

Al llegar a Abargues tomamos un café, y al preguntarle si íbamos a pasear por la viña que estaba delante de nuestros morros nos dijo que no, que nos íbamos a ver al último elaborador artesano de pasas de la zona. Que ya no quedan. Que hubo un tiempo no muy lejano en donde salían de la región barcos y barcos de pasas hacia el reino unido, que el plum cake tiraba mucho y se alimentaba de las pasas de allí. Un elaborador de pasas que tiene su propio viñedo de moscatel delante de su casa, y tiene una derrapadora/clasificadora con unos 200 años a la que le han puesto a la remanguillé, corriente para que la vida sea un poco más amable. Las pasas de LA PANSA son de otra dimensión. Y Ovidi y su hermana han dejado sus respectivos curros para volver al negocio familiar en peligro de extinción.

Conocimos también, porque tuvimos el gran placer de contar con ellos durante toda la visita, a Patrick Lesec y a Natalie, dos amigos de Pepe. Patrick es negociant y elaborador de vinos muy interesantes.


En la bodega con Patrick

Así explica Pepe su proyecto vinícola de Casa Agrícola. Invitando a desayunar un pavo cocinado en su casa que había criado él mismo con una receta de su abuela, que, en precario, apenas cocinaba con pimienta y canela. Sin fuegos artificiales. Así explica Pepe lo que se puede esperar de sus vinos en la actualidad y en el futuro que asoma por la esquina. Abriendo algunos de sus vinos y bastantes vinos de otros que llevaba guardando años y que son auténticos pepinos. Porque los vinos hay que compartirlos con los amigos. Y es que es también así como Pepe piensa en el futuro de su proyecto y de la región. Abriendo por primera vez unas barricas de unos 200 años que se encontró en el edificio donde estaba la bodega y donde estará su bodega. Barricas donde encontramos garnachas rancias que te ponen los pelos como escarpias. Barricas que si les soplas se caen de decrépitas, pero que ahí andan, aguantando el tirón. Un puto tesoro.


Garnachas rancias de 200 y + de 200 años

Así explica Pepe Mendoza su nuevo proyecto junto a Pepa, su mujer.

Abriendo su casa, su bodega, sus vinos y su corazón.

Pepe es mucho Pepe, y eso se nota en sus vinos.


El Equipo

Y así acaba el relato de nuestra visita a Juan Antonio Ponce y a Pepe Mendoza.

Dos mostros.


Cuando pisas viña